Hace unos años, allá por 2002, una banda surgió de Nueva York con uno de los mejores debut de ese año. Su sonido extraído del disco Turn On The Bright Lights (Matador, 2002) y su estética encima del escenario nos hacían recordar mucho a la banda de Ian Curtis (Joy Division). En ese momento, esa referencia que salia en cada crítica dotaba a la nueva banda prestigio antes de escuchar un solo tema. Pero claro, era después, cuando uno se ponía a degustar el disco que entendía lo que muchos escribían. Y es que esa similitud estaba por todas partes. La voz de Kessler era muy similar en registros a la de Curtis, y la estética que lucen encima del escenario (todos con trajes) evocaba a esos años mágicos que se vivieron en Manchester.
Si el primer disco fue clasificado como uno de los mejores debut del año, el segundo, Antics (Matador, 2004), fue también adorado por la crítica e incluido en muchas de las listas típicas de lo mejor del año (véase el tercer puesto que le dio AltaFidelidad.org). El caso es que la banda de Nueva York se ha ganado una reputación de calidad en cada uno de los discos que ha sacado al mercado. Y es por eso que ante la salida de un nuevo álbum, todo seguidor del grupo se ponga ansioso por escucharlo.
Abriendo el disco nos encontramos con Pioneer to the falls. Una excelente manera de empezar. Recordemos que Interpol siempre se ha caracterizado por tener una buena apertura en sus tres discos publicados hasta la fecha. Estas nuevas grabaciones son quizás menos abiertas que Antics y son tan oscuras como su disco debut. Singles rompedores hay más bien pocos, The Heinrich Maneuver es quizás la más pegadiza y la candidata en sonar bastante en las radios y en los clubs. Aunque personalmente no la encuentro de las mejores, aunque tenga unas guitarras guerreras. Y es quizás esa característica que hace que el disco contenga mucho ritmo, puede que un tanto veloz, tal y como nos tenían acostumbrados. Mammoth es un claro ejemplo. Y es que hasta Pace Is The Trick no bajan un poco el ritmo. Los riffs de guitarra en All Fired Up y su pegadiza y repetitiva letra enganchan desde su primera escucha. Y después de este tema nos encontramos con lo mejor del álbum. No es otra que Rest My Chemestry. Una de sus mejores composiciones, con una letra muy intensa, muy cercana a lo que ha significado el rock en su historia. Y para cerrar, los chicos de Nueva York lo hacen con mucha clase, esta vez han encontrado una manera casi celestial (por así decirlo) para hacerlo. La canción que cierra es Lighthouse, preciosa en todos los sentidos. Una primera parte con apenas unas guitarras rasgando acordes y cuando crees que va a terminarse el tema, una parte final de unos cuantos compases con la resurgida banda al completo.
En definitiva, lo que si podemos decir rotundamente y sin ningún miedo a meter la pata es que Interpol han firmado a lo largo de su carrera tres discos sensacionales. Y que con este nuevo, han asentado raíces con su estilo ya reconocible y han marcado una ruta a seguir. Esperemos que sigan iluminando con su música y nos sigan sorprendiendo disco tras disco. Aquí estaremos para disfrutarlo.