
Norman Blake (Teenage Fanclub) en el Festival Primavera Club 2006.
2 Diciembre en Barcelona.
Foto © Sergi Serrano

Norman Blake (Teenage Fanclub) en el Festival Primavera Club 2006.
2 Diciembre en Barcelona.
Foto © Sergi Serrano

Prairie wind (Reprise, 2005) fue un álbum que Neil Young grabó tras superar un aneurisma cerebral y la pérdida de su padre. Esa experiencia fue la que le impulsó a escribir las letras de su vuelta a los sonidos country-folk acústicos, ya iniciados en Harvest (Reprise, 1972) y seguidos por Harvest moon (Reprise, 1992). Tras grabar las piezas que compondrían su nuevo álbum, Young decidió que podía ofrecer un conjunto de conciertos antes de que el disco estuviera en las tiendas, brindando así una premiere mundial de su nuevo trabajo.
En esa época, el director de cine Jonathan Demme -ganador de un Oscar al mejor director por El silencio de los corderos (1991)-, se tomaba un año sabático y se interesó por su amigo Neil Young, quien ya colaboró en su film Philadelphia con una canción. Demme preguntó a Young si estaba trabajando en algún proyecto y entre los dos decidieron que sería bonito filmar ese estreno mundial de su nuevo disco, por lo que ambos se pusieron a trabajar en ello. Heart of gold nace de esa unión, y su reciente lanzamiento en formato DVD es la ocasión perfecta para acercarse a tan magnífica iniciativa.
Neil Young ya ha publicado varios DVDs musicales a lo largo de su carrera, y para Jonathan Demme tampoco es nuevo el oficio, ya que en 1984 dirigió la película Stop making sense, del grupo Talking Heads, y también ha dirigido algunos videoclips para gente como Bruce Springsteen, Pretenders, UB40 o Suzanne Vega. El trabajo que ahora nos ocupa, sin embargo, es un retrato musical íntimo. No sé si haber sido un gran seguidor de toda la carrera de Neil Young le dará a mis palabras un carácter menos objetivo al realizar comentarios sobre el film, pero tanto si te gusta este músico americano de orígenes canadienses como si se desconoce su trayectoria, este documento debería ser de visión obligada para los amantes de la buena música y del cine en general, porque está enfocado, sin más, a todos los aficionados al cine y a la música.
Filmado en el célebre Ryman Auditorium, histórica residencia del Grand Old Olry de Nashville, Neil Young se acompaña en el escenario de viejos amigos, entre ellos la estrella del country Emmylou Harris, Pegi Young (mujer de Neil) y el guitarrista Ben Keith. Y no sólo se repasa en su totalidad el disco Prairie wind, sino que Young también interpreta algunas otras canciones, como Harvest moon, Heart of gold, Old man, Comes a time o Needle and the damage done. El recital está grabado, además, de una manera especial: no encontraremos ningún plano del público, tan sólo de Neil Young y su banda. Casi de manera minimalista, descubrimos largas tomas en las que nada interrumpe la visión que tenemos del espectáculo. Un total de ocho cámaras, todas ellas fijas y a una distancia a la que fueran imperceptibles para los músicos, se utilizaron para la filmación. No hay ningún movimiento de las mismas, exceptuando una steadycam que se usa en muy pocos momentos, lo que hace que tengamos una perspectiva única y emotiva. Un montaje muy detallado y una fotografía muy cuidada capturan perfectamente la esencia de Neil Young en lo que podríamos definir como su perfecta expresión.
La edición especial para coleccionistas del DVD se acompaña de un buen puñado de extras, entre los que destacan los que recogen el proceso de preparación del concierto, con los ensayos narrados por el director Johnathan Demme, las entrevistas que el director hizo a Neil y a sus compañeros de escenario, curiosidades sobre el origen de sus guitarras, entre ellas la que perteneció a Hank Williams (recomendada la visión del tema This old guitar), y un extracto de la actuación de Young en el Show de Johnny Cash en 1971.
En definitiva, nos encontramos ante un documento de obligado visionado para todos los seguidores de Neil Young. Es poco probable que volvamos a tener oportunidad de ver y escuchar tan de cerca al músico, en su estado más puro. Sus guitarras acústicas nunca sonarán mejor ni brillarán tanto. ¿Es lo más cerca que estaremos de Neil Young?
La sala Razzmatazz, antigua Zeleste para los mas nostálgicos, celebraba hace cinco años su primer aniversario. Lo hacía, nada más y nada menos, con la banda de pop británico Pulp, además de otros grupos. Ahora, la misma sala celebra su sexto aniversario, curiosamente con el líder de esa histórica formación: Jarvis Cocker. Hace ya cuatro años de la disolución de los míticos Pulp. En 2001 editaron lo que sería su última grabación, We love life, y en el 2002 anunciaron su separación. Durante este tiempo el artista ha seguido trabajando, escribiendo canciones para Nancy Sinatra o la banda sonora de Harry Potter, y ha dejado su país para irse a vivir a París.
El día: 22 de diciembre. ¡Nos ha tocado la lotería! Bueno, el Sorteo del Gordo de Navidad no, pero nos ha “tocado” Jarvis en la sala Razzmatazz de Barcelona. No es lo mismo, lo sabemos, pero tenemos la gran suerte de haber podido presenciar uno de los cuatro conciertos exclusivos que ofrece el británico en Europa para la presentación de su disco en solitario, titulado simplemente Jarvis. Sin duda uno de los álbumes más interesantes que han salido en este final de 2006.

El concierto supo a poco. Apenas una hora y cuarto con un Jarvis más preocupado por hablar que por cantar, aunque tenemos que decir que es todo un frontman, y que las interpretaciones fueron muy buenas. Y es que el repertorio estuvo compuesto casi en su totalidad por los temas de su último trabajo. Empezó con Fat children, Don’t let him waste your time y la maravillosa Heavy weather, con Jarvis ayudando con una guitarra acústica a los cinco músicos que le acompañaban -entre ellos el bajista de Pulp, Steve Mackey-. Poco después le siguieron la tranquila I will kill again, From a to i, y una de sus canciones más bonitas, Tonite, que tiene ese aire a Richard Hawley tan característico. Y poco después de que las bragas de alguna jovenzuela del público aparecieran encima del escenario (cosa que a Jarvis le hizo mucha gracia), abordaron la recta final previa a los bises con Disney time y -aunque se ayudaron de un sampler- una de las mejores de la noche, Black magic.

En los bises, que fueron dos, Jarvis interpretó el single que publicó en exclusiva en su página de myspace, (Cunts are still) Running the world -una de las sorpresas que podemos encontrar como pista escondida en su disco-, y para finalizar el concierto nos regaló una versión del Satellite of love de Lou Reed. Y eso fue todo, y tras setenta y cinco minutos Jarvis se despidió entre una gran ovación. Sólo nos queda felicitar a la sala Razzmatazz por estos seis años ofreciendo buena música en directo.